El cuerpo de las mujeres como territorio de disputa, mujeres migrantes y...

El cuerpo de las mujeres como territorio de disputa, mujeres migrantes y resistencia

En las últimas dos décadas las mujeres de América Latina hemos vivido cambios sustanciales en nuestra vida. Estos cambios han sido ocasionados por la aplicación de las políticas de ajuste estructural, y corresponden a la denominada “feminización de la pobreza”, que no es otra cosa que el resultado de la incorporación de la mujer a empleos precarios y  subempleos de diverso tipo para complementar la baja de los ingresos, como la intensificación del esfuerzo de las mujeres para llenar los vacíos que trae consigo la reducción del gasto social, que ha aumentando significativamente nuestra carga de trabajo. La  feminización de la pobreza no es un fenómeno sólo de nuestro país, sino que es parte de la llamada “feminización de la mano de obra transnacional” que corresponde a la generación de un mercado trasnacional de mano de obra compuesto por redes de mujeres que desempeñan servicios de trabajos domésticos, cuidados personales, venta callejera, personal de bares o restaurantes, trabajo sexual, etc.

El aumento de mujeres jefas de hogar ha llevado a muchas de estas mujeres a ver en la migración la manera de mejorar su propia situación, pero también la situación de sus hijos e hijas, e incluso en algunos casos es la única manera de sobrevivir. A pesar del rol protagónico de las mujeres para paliar la crisis al interior de la familia, la división sexual del trabajo se mantiene casi intacta. De esta manera, y a pesar de su invisibilización, el trabajo no remunerado de la mujer en el hogar adquiere así una importancia estratégica. Estratégica para las mujeres porque de esa actividad dependen sus estrategias de sobrevivencia cotidiana, estratégica para el movimiento popular que necesita reconocer la importancias de estas tareas, para no reducirlas al espacio privado  y estratégica a nivel político porque ayuda a ocultar el impacto de la crisis y de las políticas de ajuste en los diferentes países.

La importancia de esta economía del cuidado no se reduce tan sólo en los ámbitos de la familia, la comunidad y la nación; también influye en la reconfiguración de las relaciones económicas y laborales que tienen al mundo como escenario. Y es que el fenómeno de la migración,  ha producido que el cuidado se articule en un conjunto complejo de cadenas globales, que se estructuran alrededor de la oferta a bajo costo de mano de obra que se  ocupan del cuidado de los hijos de otras personas o de algún anciano o enfermo. Esta decisión repercute en el contexto familiar de la mujer migrante, cuya ausencia plantea un nuevo problema: quién se ocupa del cuidado de sus propios hijos. Además, las mujeres que abandonan su país terminan enfrentando una realidad distinta a la esperada pues lo recaudado no les permite concretar su autodeterminación en la medida en que las políticas de retorno y de control de la migración se endurecen cada vez más. Y esto hace que su inserción en el ámbito del trabajo y de los servicios sea por lo general precaria, con empleos de baja calidad, mal remunerados, con jornadas extenuantes y con mínimo acceso a servicios sociales básicos.

La crisis sociales, políticas y económicas, nos afectan a todos pero especialmente a las mujeres pobres, indígenas, indocumentadas, sin escolarización, etc.  Estas mujeres se encuentran en un situación de vulnerabilidad que es aprovechada por el sistema capitalista  para reducir costos y maximizar ganancias. Un lamentable ejemplo, es la  relación existente entre migración y VIH/SIDA, no porque las personas estén más o menos expuestas en un país u otro, sino por los contextos e interacciones sociales en los cuales se da la migración. En este sentido, las mujeres migrantes son vulnerables al VIH/SIDA por ser migrantes, por su carácter de indocumentadas, y además por ser mujeres.

La explotación debe examinarse en relación con el tema de la vulnerabilidad, que por un lado muestra la pervivencia de prácticas discriminatorias en razón de género que expresan el ejercicio de violencia, descalificación y acoso hacia las trabajadoras, y considerando a la vez cómo la inexistencia de un sistema efectivo de seguridad social contribuye a enraizarla.

No queremos victimizarnos, no queremos mártires sólo el reconocimiento de la realidad de la migración y un llamado a la solidaridad entre mujeres, en y para el pueblo.

Hoy queremos hacer un llamado a la lucha y la solidaridad, a la despatriarcalización como una tarea urgente en que tanto hombres como mujeres debemos asumir, y ésta no será posible sin una práctica concreta que sea feminista, libertaria y descolonizadora. Buscamos la libertad sin las cadenas del Patriarcado, de ningún Estado, ni Religión

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