Día del aborto

Día del aborto

Por Gema Ortega

Cuando vemos el llamado a reivindicar un día especial como el día de la Acción Global por un Aborto Legal, Seguro y Gratuito, muchos caen de rodillas y golpean sus pechos temerosos de que el día del Juicio Final esté cerca. La imagen es dantesca: decenas, cientos, miles de mujeres fornicadoras abortando los frutos de sus actos lascivos, las calles llenas de sangres y tripas de esos nonatos condenados al suspiro eterno que hace temblar la eterna bóveda del infierno. Sin embargo, la invitación que hay detrás del V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe es mucho más mundana y consiste, básicamente, en que “el 28 de septiembre se recuerda a los gobiernos latinoamericanos que seis mil mujeres se mueren al año debido a complicaciones de abortos”[i].

De ahí es que consideramos que la reflexión sobre el aborto, debe ser una doble reflexión, ya que se trata, por un lado de un acto que nace en el espacio más íntimo del cuerpo de la mujer, como también sobre una cuestión de poder, una relación de dominación.

Así, cuando se reflexiona acerca de la realidad concreta, cotidiana, apostamos a reflexionar sobre los nexos e interacciones reales de las distintas esferas del mundo social y la vida humana. Los hombres y las mujeres, en su particularidad, se apropian de las formas sociales que sus distintas capacidades productivas, culturales, cognitivas y emocionales hacen surgir cada vez. En la medida que esta adquisición es efectiva, no sólo los impulsos que suscitan estas acciones son originados por el ser-así concreto de cada grupo social, sino también el campo de acción real de las decisiones tomadas. Debemos considerar además que el campo de acción de la intimidad está determinado por el cuidado de sí; de su espacio propio, entendiendo por este no un lugar físico, sino la morada donde poder alejarse del trabajo. Debemos puntualizar que este “trabajo” no se reduce al desenvolvimiento de un determinado oficio sino una cierta disposición hacia el mundo. El mundo se descubre como su aperturidad en la cual se desenvuelven todos los entes intramundanos y se exponen tal cual son, es decir, en el modo habitual como los entes son en el mundo cotidiano. El mundo como lo abierto, ahora en el sentido de mis propias posibilidades, ante lo desconocido, ante lo extraordinario, lo abyecto, y esta posibilidad esta teñida por la seducción de la transgresión a ese orden social.

La sociedad va más allá del orden biológico, se cristaliza en las formas más elevadas de las objetivaciones para-si, lo que significa que los hombres y las mujeres que participan de ella crean productos y formas de relacionarse que les permiten ponerlas en práctica. Este orden es de carácter prescriptivo, pero no puede surgir simplemente de la apariencia de un actuar como legalidad mecánica, sino de la acción sobre el saber y el cuerpo de los hombres y las mujeres. El cuerpo como lugar de existencia y límite, incluso el cuerpo como aquello que otorga la existencia: “el cuerpo da lugar a la existencia”.[ii]

El aborto es una transgresión para quien ostentan del poder, ahí donde se piensa lo íntimo como negación de la diferencia entre la particularidad y la singularidad de los cuerpos. Así generalizan una acción cotidiana —cotidiana no es su sentido de temporalidad como una acción habitual, sino como acto de un cuerpo singular—, transgresión que además anhela transformarse ella misma en norma general.

Pero estamos dejando de lado un aspecto fundamental. Los cuerpos son también cuerpos de placer, cuerpos creados, cuerpos sexualizados. La téchne de los cuerpos nos dice como son nuestros cuerpos, que funciones pueden o no realizar, es el dominio de los cuerpos: “El dominio masculino es sexual. Significado: los hombres en particular, si no exclusivamente, sexualizan las jerarquías; el género es una de ellas”[iii] Este enfoque se centra en la perspectiva de la subordinación de las mujeres al hombre al identificar la sexualidad ya no en la esfera cotidiana, sino en una relación estructural de dominio y sumisión. Esto exige reflexionar sobre la sexualidad y el cuerpo en sus significaciones sociales contextualizadas, desde la práctica cotidiana, pero siempre relacionada con una integración a la sociedad en su conjunto. Las tecnologías del cuerpo están siempre dirigidas al poder.

Problema fundamental: ¿Cómo entendemos el poder? ¿Qué tan estrecha es nuestra lectura sobre el poder? Pues bien, entendemos el poder como el ejercicio más eficaz de las objetivaciones para-sí, y que en nuestro contexto actual descansa en la institución dominante, la institución de la clase dominante: el Estado y, en su seno, el sistema jurídico codificado. Delimitamos el campo a tal punto ya que nuestra observación es la siguiente: El dominio masculino se manifiesta en formas particulares, no obstante, su máxima expresión es el aparato jurídico del Estado que define a las mujeres a partir de su diferencia e inferioridad, atribuyéndose la tarea de delimitar incluso el espacio de nuestra intimidad. De esta observación es que el llamado a conmemorar un día especial de lucha por el derecho al aborto no es una demanda liberal, o una demanda de un grupo de mujeres, es un llamado con vocación de poder, de lucha contra el poder hegemónico.

Salir a la calle, abrir nuestra cotidianidad no es la verdadera transgresión, esta más bien consiste en callar. Quien calla “se sustrae” del contacto cotidiano, de la acción, del mundo e incluso de su propio “lugar de darse”. Callar significa aceptar la dominación como un hecho y una realidad. Yo al menos, prefiero las calles inmundas de sangre …

Publicado en Escrituras Aneconómicas.


[i] Nota 28 de septiembre: Día de Acción Global por un Aborto Legal, Seguro y Gratuito http://www.mujeresenred.net/spip.php?article179

[ii] Nancy, Jean-Luc (2003) Corpus. Madrid: Arena Libros. Página 15

[iii] MacKinnon, Catharine (1987) “Sexualidad” en Toward A Feminist Theory of the State USA: Harvard

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